Dentro del proyecto Retiro mes a mes, impulsado por los Servicios Sociales del Distrito de Retiro y Asociación Garaje, surgió una idea que merecía convertirse en libro: que las personas mayores y los niños y niñas del barrio se sentaran —aunque fuera a distancia la mayoría de las ocasiones— a escribir cuentos juntos. Así nació El Baúl de Ida y Vuelta, un proyecto de escritura intergeneracional coordinado por Asociación Garaje en el que han participado un grupo de mayores y los niños y niñas del proyecto de las Latas, también creado y gestionado por Asociación Garaje y enmarcado en los Servicios Sociales de Distrito Retiro.
El hilo conductor del proyecto son las efemérides del calendario. Cada mes del año trae consigo una fecha significativa —el Día Internacional de internet seguro, el Día mundial del libro, el Blue Monday, la celebración de la igualdad o el cuidado del medio ambiente—, y a partir de esas efemérides se han construido las temáticas de los cuentos. El calendario del barrio se convierte así en el índice de un libro colectivo donde cada historia nace de algo que importa en ese momento concreto del año.
Todos los relatos comparten dos protagonistas: Ida, una niña curiosa y resuelta, y Vuelta, su abuela, que guarda en un baúl décadas de experiencia. Pero la propuesta del proyecto va más allá de la imagen clásica de la abuela que transmite sabiduría a la nieta. La esencia de El Baúl de Ida y Vuelta es precisamente esa doble dirección que anuncia su nombre: el conocimiento va y viene. En algunos cuentos es Vuelta quien guía a Ida; en otros, es la niña quien enseña a la abuela —a moverse por internet, a ver las cosas desde otro ángulo, a reírse de algo que antes daba miedo—. Entre las dos, resuelven situaciones, superan obstáculos y aprenden la una de la otra. Ninguna sabe todo. Las dos saben algo imprescindible.
Con el grupo de mayores, el trabajo se articuló en varias sesiones presenciales de escritura creativa. El proceso arrancó con una fase de activación: juegos de refranes, duelos de metáforas y ejercicios de sinónimos para despertar el léxico y perder el miedo a la página en blanco. A continuación, el grupo se adentró en el lenguaje propio del cuento infantil: cómo mostrar en lugar de explicar, cómo hacer que un valor abstracto —la generosidad, la paciencia, la valentía— se convierta en una imagen, en una acción, en un momento concreto que un niño pueda ver y sentir. Hubo también una plantilla de cuento como andamio inicial, y sesiones dedicadas a la revisión y el pulido colectivo de los textos.
Más allá de la técnica, las sesiones fueron un espacio de encuentro. Cada cuento nació de una conversación, de un recuerdo aflorado a destiempo, de una risa alrededor de la mesa. Participantes que llegaron sin conocerse acabaron debatiendo qué valores querían meterle a Ida, qué le diría Vuelta a su nieta sobre la tristeza de enero o sobre cómo se trata a las personas en las redes. Hubo quienes pusieron en boca de los personajes experiencias muy propias, y quienes descubrieron, con cierta sorpresa, que tenían una historia que contar.
El resultado es una colección de cuentos originales firmados con nombres propios: Pilar, Mercedes, Manoli, Vicente, Ángeles, Loli, Nieves, Maritza, Julio, Gina, Lucía... Relatos como El calor de estar juntos, El regalo de cuidar, Un día en el parque, Ida y las gafas mágicas o El orgullo del trabajo bien realizado que, junto con las ilustraciones y aportaciones de los niños y niñas de las Latas, conforman el libro intergeneracional que da cuerpo final al proyecto.
El Baúl de Ida y Vuelta demuestra que el intercambio entre generaciones funciona en los dos sentidos, y que lo más interesante ocurre precisamente en ese viaje de ida y de vuelta: cuando la experiencia de una vida entera y la mirada fresca de quien está empezando se encuentran a mitad de camino. Desde Asociación Garaje y los Servicios Sociales del Distrito de Retiro, estamos convencidos de que ese encuentro es, en sí mismo, la mejor historia que podíamos contar.







